El pasado mes de junio estuvimos en la feria TRANSCOLAB PLUS, celebrada en La Harinera de Zamora, un espacio con una historia y un encanto especiales donde se respiraba pasión por el cereal y el futuro de la alimentación.
En la feria compartimos jornada con Omar Sánchez Valvidares, de Panadería La Portalina, y conocimos de cerca los proyectos que se están gestando en la Escuela Politécnica Superior de Zamora y en la Universidad de Valladolid, abriendo puertas a colaboraciones muy interesantes.
Ingredientes con historia y visión transfronteriza
En Zamora también coincidiéramos de nuevo con la compañera Virginia de Kamarere y nos vinimos a casa con un nuevo ingrediente bajo el brazo: harina elaborada a partir de bagazo de vino, que ya estamos deseando probar en el obrador para ver qué nuevas recetas de repostería circular podemos crear.
Además, ver los proyectos portugueses que participaron en la feria fue inspirador: al otro lado de la frontera, la economía circular aplicada al sector del pan ya es una realidad firme y con muchísimo recorrido.
Inspiración, ciencia y maestría panadera
Uno de los momentos más especiales del día fue conocer por fin en persona a Manuel Gómez Pallarés (Universidad de Valladolid) y escuchar su charla sobre la valorización de subproductos agroindustriales. Dar respuesta al desperdicio desde la investigación científica es clave para avanzar.
Y para cerrar un día redondo, fue un placer enorme coincidir con Elisabete Ferreira, maestra panadera en Pão de Gimonde y reconocida como Mejor Panadera del Mundo 2024. Nos quedamos con muchas ganas de coincidir pronto en algún proyecto conjunto y, por supuesto, de ir a visitar su obrador en Braganza.
Pero nuestra vinculación con este proyecto europeo no se queda solo en las ferias: también nos ha tocado estar al otro lado de las pantallas como formadoras en el Módulo 2 del Programa Transcolab Plus. Una formación de 40 horas sobre economía circular en la industria cerealista donde pudimos enseñar lo que mejor sabemos hacer: reducir el desperdicio alimentario y dar segundas vidas al pan, demostrando con nuestro ejemplo que el aprovechamiento no es un experimento, sino un modelo de negocio viables y real.

En Panduru lo tenemos claro: el pan no se tira, se transforma. Y por el camino, las personas nos encontramos.